martes, 10 de junio de 2008

Manifiesto 8: Leer


Uno de los grandes debates en la literatura siempre ha sido el por qué se lee. O más bien, si te hace una mejor persona ser un lector. Como que la cultura, la literatura, son palabras tan santificadas, que uno tiende a creer que sí, que ser un devoto sí te hace mejor persona. De otra forma estaríamos poniendo en duda gran parte de lo que llamamos civilización. Por otro lado, nadie se pregunta si ser un matemático o un ingeniero te hace mejor persona, de hecho, nadie da un peso por ellos en el plano moral.
Mucho se dice también, que si el mundo estuviera regido por gente que lee, la cosa sería diferente, estaríamos viviendo en un planeta más humano, pero probablemente más caótico. Lo de caótico lo pongo yo, pero de esa premisa, la del mundo más humano, viene la famosa frase del poeta romántico Shelley en su ensayo En Defensa de la Poesía, esa que dice que los poetas son los legisladores no reconocidos del mundo.
Puede que en su contexto la frase haya funcionado, pero ahora está muy lejos de hacerlo. No voy a entrar en el típico argumento de que ahora hay cable e Internet y radio y que casi nadie lee. Mi idea es sólo decir que en tiempos de Shelley casi todos leían, incluso los más poderosos eran letrados, y el mundo se la pasaba de pelotudes en pelotudes. Y cada una de esas pelotudeces costaban millones de vidas en guerras que no terminaban nunca.
Hace poco le vi una frase al poeta chileno Vicente Huidobro que refuerza esta idea: ¿Cambia un hombre que ha leído todo Shakespeare, o todo Cervantes, o Pascal o Montaigne o Dostoievsky? Sí, Cambia. Y si a la mayoría no le pasa nada es porque no ha comprendido nada.
Algo de razón tiene Huidobro al decir eso, aunque él viene de la casta de los que no trabajan y tienen todo el tiempo del mundo para leer. Al final se puede decir que la lectura tiene el potencial de hacerte un mejor hombre o mujer, pero sus efectos dependen de dos cosas: tú grado de comprensión de lo que lees, y por último, del tipo de información que estás leyendo.
Es que los escritores son toda gente manipuladora, tipos que te puede enganchar con un par de giros idiomáticos. Hitler fue escritor, escribió Mi Lucha, y lo más probable es que la mayoría de las personas que leyeron el libro no salieron bien paradas en el campo ético. Desde ese punto de vista, Hitler fue un escritor tremendamente exitoso. Algo parecido, pasa con Bertold Brecht. El tipo se hizo tremendamente famoso por ser un dramaturgo tremendamente moral, pero en su vida personal era un verdadero perro. Escribiendo hizo creer que era bueno, cuando en realidad era malo. Claro, el tipo escapó de Hitler, lo que nadie dice que esté mal, pero en sus últimos días se paseaba por Berlin oriental con el auto más caro de la ciudad. Brecht, al igual que Neruda, escribió propaganda que poco tenía que ver con su vida, fue un marxista burgués, pero así y todo es un héroe para muchos. Eso sólo lo puede lograr el arte de escribir bien. O leer mal.
Por eso da un poco de risa cuando se dice que vamos a ser mejores si leemos más. Puede que nos haga más completos, pero no sé si mejores en el sentido ético de la palabra. De hecho, me parece que se puede aprender más viendo a la doctora Polo que leyendo a un sicópata-escritor como Easton Ellis.
Difícil llegar a una conclusión. Definitivamente leer hace bien, pero dudo que te haga mejor.

martes, 20 de mayo de 2008

Nido de Ratas


Hoy compré Nido de Ratas en un quiosco del centro por dos lucas y media. Aquí, cuatro notas arbitrarias del film.
1-Marlon Brando hizo en sus primeros cinco años de carrera más que cualquier actor de Hollywood actual en sus primeros cinco años.
2-En los años cincuenta, cuando una mujer te puteaba y gritaba, la discusión se solucionaba agarrándola fuertemente de la cintura, para luego darle un beso en la boca a la mala. Ahora, eso es imposible. De hecho, intentar hacerlo sólo empeora las cosas.
3-Nido de Ratas rompe la regla de que siempre es mejor el título original en inglés. Nido de Ratas es mucho mejor nombre que On the Waterfront.
4-Un soplón, aunque sea un soplón altruista, nunca va a dejar de ser un soplón.

martes, 6 de mayo de 2008

Manifiesto 7: Hermanos


Hace poco vi Viaje a Darjeeling de Wes Anderson. Bonita película con la típica estética
andersaniana de cámaras lentas con temas elegidos a mano. Pero más allá del film, que es realmente bueno, lo que más me impactó fue el darme cuenta que nunca, jamás, tendré la visión de vida de los tres hermanos en ese viaje de redención por la India. La razón va más allá de que ellos sean los típicos gringos cool y adinerados de Anderson. La cosa va más por el lado de que ellos tienen hermanos. Hermanos hombres. A eso me refiero.
Tener un hermano hombre es tener un camarada, pero también al peor de tus enemigos viviendo en tu propia casa. La relación va del compañerismo, a la competencia, al odio y de vuelta al amor. De hermanos. Cualquiera que haya tenido un hermano hombre es automáticamente mejor para los combos que yo (o que mí, si quieren). Cualquiera que haya tenido un hermano, probablemente deseó con locura, y en secreto, a la mujer de su hermano. Cualquiera que haya tenido un hermano, sabe lo que es hacer alianzas contra el mundo exterior, de confabularse tácitamente por el sólo hecho de ser hermanos.
Pacto de sangre. Pacto de hombres.
Yo tengo hermanas chicas. Las quiero a morir, pero no estamos en la misma frecuencia. No hay conflicto de intereses. No hay competencia. Y tampoco hay alianzas, porque el mundo nos jode por diferentes lados. Además, son hermanas bastante menores, lo que me hace un seudo hijo único.
Lo que también significa que aprendí una serie de cosas solo o a través de amigos. Todo bien, no me quejo de lo que me tocó, si en esto de tener hermanos hay tantas ventajas como desventajas. Lo que sí, y ahora me doy cuenta, tener un hermano del mismo sexo es como tener una práctica laboral anticipada o entrar al servicio militar sin jamás haber puesto un pie en un regimiento. Pegas, te pegan, mandas, te mandan y luego te unes para salir a patear traseros. Sin saberlo, te haces más competitivo para el mundo real, un cabrón, un hijo de puta, si se quiere. Suena bien.
Para otra vida será.

jueves, 24 de abril de 2008

´Manifiesto 6: Música para Machos

¿Cuál es la auténtica música para hombres? La que suena más fuerte no es la más ruda. Seguro. Los metaleros, por ejemplo, gastan casi tanto tiempo como los pokes cultivando sus largas cabelleras. Pff.
Para mí, la manera más entretenida de ser un macho-machista, borracho y peleador es siendo un rockabilly. Este video de los Stray Cats así lo demuestra. Esto es música para machos que les gustan las minas. Y ricas.
PD: El que no zapatea un poco con la canción, simplemente no le corre sangre por las venas.

martes, 15 de abril de 2008

El Resplandor de Terror a Comedia

Increíble lo que pasa cuando se cambia la edición y la música. En este spoof de trailer, el clásico de terror de Kubrick, El Resplandor, pasa de ser una peli inquietante a ser una comedia de padre-hijo. Una obra de arte esto. De verdad.

miércoles, 9 de abril de 2008

Pruebe y Lleve: Chile Pop, ejemplo IV: Héctor "Bambino" Veira



Es el gran personaje del fútbol en Argentina. Una especie de Borghi, pero con el doble de anécdotas y con un marcado gusto por la vida nocturna. Después de una exitosa carrera, principalmente en San Lorenzo de Almagro, se retiró en Chile el 77, en la U, en un equipo en el que jugaba Pellegrini, Salah y Socías. El entrenador era Luis Ibarra, el mismo del campeonato mundial juvenil del 87.
Bambino era remolón. Nunca fue un hijo del esfuerzo, pero era un 10 talentoso. Según él mismo cuenta, tenía una especie de acuerdo con Ibarra para entrar en los segundos tiempos cuando hacía demasiado frío. Era el final de su carrera y Veira tenía los tobillos destrozados.
Una noche gélida en Santiago, Veira llega a la cancha con pocas ganas de jugar. “Le dije a Luchito, un mostro, que estaba para jugar los últimos 30 minutos ese día”, recuerda el Bambino. Luego parte rumbo al banco de suplentes con dos pares de vendas en los tobillos, además de tobilleras. “Parecía la momia”.
Las cosas se ponen color de hormiga para la U en la cancha. El Bambino está sumergido en el banco, totalmente entumido viendo el partido. Ibarra lo mira y le grita ¡Bambino! ¡A calentar!
Bambino despega la espalda del respaldo, se asoma y responde: “¿Te parece, Luchito? ¡El 10 la está rompiendo!”.

martes, 1 de abril de 2008

What it Feels Like


La revista gringa para hombres, Esquire, viene con una sección que se llama “Lo que se siente” o “What it feels like”, en la que gente que ha tenido experiencias loquísimas describe lo que se siente estar en su pellejo. Aquí van un par de situaciones que me parecieron sobresalientes.

La primera es de Craig Strobeck, un aspirante a actor que tiene un desorden obsesivo compulsivo.
“En el momento en que me meto en la ducha, siento que estoy exhausto y me preparo para una o dos horas adentro de ella. No tengo ganas, pero sé que lo tengo que hacer para mantenerme limpio. Siempre empiezo de mi cabeza hasta los pies, todo tiene su ritual específico.
Lavarme el pelo me toma como una hora. Lavar mi frente toma sesenta pasadas con la esponja. Nunca 61 veces. Cuando lavo mis extremidades, me paso el jabón tan fuerte que se siente que mis huesos están tocando el jabón.
Cuando me empieza a doler, recién ahí siento que ha lavado bien cada área de mi cuerpo. A veces, después de estar completamente vestido, vuelvo a la ducha, a veces con ropa, a veces desnudo, porque he sentido que alguna parte de mi cuerpo no está lo suficientemente limpia. Se me repite una voz en la cabeza que me dice: “estás listo, pero igual quieres hacerlo de nuevo”. También tengo este sentimiento de que algo horrible me va a pasar si no hago un cierto ritual o tarea. La presión para hacerlo es devastadora como una voz diciendo ´no pares`, como una locomotora fuera de control”.

Brad Byers de 42 años describe lo que siente tragar espadas:
“Cuando empecé a tragar espadas tenía la más extraña sensación de tener un frío sable de fierro bajando por mi esofago. Ahora eso se siente natural
Puedo tragar hasta 10 espadas. Las pongo acostadas en la parte de atrás de mi garganta para suprimir el reflejo de expulsarlas, como cuando uno se mete los dedos adentro de la boca. Mientras más apretado se siente, más cuesta controlarse. Cuando me introduzco hartas espadas siento mi corazón latiendo contra ellas. Si retuerso una espada le da a mi garganta una sensación cruda y seca. Mi garganta tiene un hoyo atrás de tanto hacer el acto.
Sólo una vez me salió mal. Estaba actuando en la inauguración de una gran mall, cuando llamé a un tipo enorme para que empujara las espadas por mi garganta hacia abajo. Le di la señal para que parara, pero el tipo empujó la espada demasiado fuerte. Sentí que el fondo de mi estómago se dilataba. Me saqué la espada y no había sangre en la punta, asi que pensé que estaba bien y me tragué siete espadas más. Cuando me las saqué, las siete estaban bañadas en sangre.
Desde ahí en adelante, sólo dejo a la gente sacarme las espadas de adentro; jamás empujarlas garganta abajo. Esa fue la gran lección”.